Inteligencia Artificial y Robots

28 enero 2012

Iniciamos con este post una serie dedicada a lo robots. Lo hacemos como paso siguiente a las consideraciones anteriores sobre la tecnología relacionada con el cerebro y la mente. Hablar de cognotecnología es hablar, antes o después, de robots. La cognotecnología tal como la interpretamos en este blog está relacionada con todo tipo de tecnologías conectadas con el cerebro y sus funciones. El cerebro tiene muchas tareas relativas al control del cuerpo humano en actos automáticos e inconscientes pero su actividad de más nivel en el hombre es la que tiene que ver con la inteligencia y la consciencia. Los robots, sobre todo los androides, necesitan un núcleo interno de almacenamiento de memoria y de circuitos que actúe como el cerebro humano, tanto para actividades de percepción de su entorno, de movimiento y de actuación, como para actividades de más nivel relatvas al aprendizaje, la toma de decisiones y la reflexión. Parece que estamos todavía lejos de dotar a los robots de un cerebro aunque sea incipiente pero los investigadores dedicados a estos temas ne cejan en su empeño de conseguirlo.

Hay varias circunstancias que nos llevan a tratar ahora en este blog los enormes avances que se están produciendo en los últimos años en el terreno de la robótica. Una de ellas es la lectura del interesante libro de Mark Stevenson, “Un viaje optimista por el futuro” (1) en el que existen varios capítulos dedicados a este tema; otra es la revisión del número de la revista “The Futurist” correspondiente a septiembre-octubre del pasado año cuya portada se incluye como imagen introductoria en este post; y una más, el paso lógico que supone en nuestra materia (Cognotecnología) tratar de nuevas formas de enfrentarse a la Inteligencia Artificial después de haber descrito las dificultades, aparentemente insalvables, para reproducir tecnológicamente la consciencia y la verdadera inteligencia.

En relación con la última de dichas circunstancias adelantamos que un término básico para lo que diremos a continuación es el de “sentiente” o el de “inteligencia sentiente”, expresión, esta última, utilizada por el filósofo español Xavier Zubiri (1898 – 1983) como superación, o especificación, del concepto de “conciencia”. La “inteligencia sentiente” de Zubiri, a la que dedicó un libro con el mismo título (2), consiste en “la reflexión humana — inteligencia – incluyendo los propios sentidos- sentiente-“. En inglés existe la palabra “sentience”, la cual es la capacidad de sentir, percibir y ser consciente. Los filósofos especialistas en la consciencia, a los que nos hemos referido en posts anteriores, utilizan la palabra “sentience“ para describir la habilidad de un ente o entidad de tener experiencias de percepción subjetivas, es decir, de crear en su cerebro lo que se llaman “qualias”, o ideas abstractas..

Es una capacidad distinta de otras también identificadas en la mente humana y ligadas a la consciencia como, la creatividad, la inteligencia, la sapiencia, la reflexión y la intencionalidad. Es la experiencia subjetiva en sí misma, lo menos computable de la inteligencia humana y lo que según algunos filósofos nunca podrá ser explicado.

Los expertos actuales en Inteligencia Artificial, o quizás mejor, los modernos constructores de robots, no son ajenos a la necesidad de crear maquinas “sentientes” pero utilizan un camino distinto al de los investigadores clásicos de esta materia. Hans Moravec (1949 – ), uno de los gurús de la robótica, investigador en el Robotics Institute de la Carnegie Mellon University ya dijo en su conocido artículo de diciembre de 2000, “Robots, Re-Evolving Mind” y lo repitió en otro publicado por la revista “Scientific American” en 2008, que la robótica había sido incapaz de cumplir las predicciones de los años 50, especialmente en relación con la existencia de robots que nos liberaran de las tareas más engorrosas de nuestra vida diaria. Creía además, como se recoge en el libro de Stevenson, que tal fallo no radica en la dificultad de construir los componentes mecánicos, electromecánicos o electrónicos de sus cuerpos, sino en la incapacidad de dotarlos de mente.

La IA, digamos, clásica, es decir la surgida en los años 50, creía firmemente en la posibilidad de que los ordenadores, simularan primero y replicaran después, la inteligencia humana. Los padres creadores de esta materia, John McCarthy (1927 – 2011), quien pasa por haber acuñado la denominación, Marvin Minsky (1927 – ), Allen Newell (1927 – 1992) y Herbert Simon (1916 – 2001) (3), eran muy optimistas y pensaban que los ordenadores terminarían reproduciendo la inteligencia humana en sus aspectos más profundos, es decir, los relacionados con la sapiencia y la consciencia. Creían también que la percepción del entorno y la puesta en marcha de acciones de adaptación y reacción por parte de las máquinas iba a ser mucho más fácil de lo que en realidad ha sido.

La IA ha pasado por tiempos de euforia y por tiempos de pesimismo, pero hoy constituye un área de actividad científica y tecnológica plenamente establecida en nuestro mundo, con infinidad de centros de investigación en todo el planeta y con miles de investigadores y autores procedentes de multitud de países.

Sus éxitos son claros y si hay algo profusamente aplicado en nuestro mundo es la “inteligencia” de las máquinas de todo tipo que utilizamos y de las redes digitales y otras que nos rodean y de las que dependemos. Pero todo depende de lo que llamemos inteligencia ya que por mucho que las máquinas sean capaces de conseguir parece que lo de hacerlas conscientes, “sentientes” o espirituales, está todavía muy lejos y no sabemos si se conseguirá en algún momento.
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(1) Mark Stevenson, “Un viaje optimista por el futuro”, Galaxia de Gutemberg, Madrid, 2012.
(2) Xavier Zubiri, “Inteligencia Sentiente: Inteligencia y Realidad” [1980]
(3) Aunque para muchos autores el comienzo de la IA se produjo en 1943 cuando Warren McCulloch y Walter Pitts propusieron un modelo de neurona del cerebro humano y animal. También cabe situar como pionero de estos temas a Norbert Wiener, padre de la cibernética, quien hizo aportaciones importantes de carater teórico al principio de los años 50 del pasado siglo.

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