Redes neuronales y engramas

09 diciembre 2016

Imagen Destacada
Pero más que esas dimensiones de la vida del hombre mencionadas en los posts anteriores, a estas alturas de la historia tendría sentido plantearse cuestiones como las siguientes: ¿cómo un primer individuo de nuestra especie comenzó a hacerse preguntas en relación con el mundo en que habitaba y sobre las cosas que veía a diario?; ¿cómo llegó a separarse de ese mundo en el que vivía “como pez en el agua” y empezó a verlo con cierta distancia?; o, ¿cómo el hemisferio izquierdo del cerebro, entrando ya en explicaciones neurológicas, se diferenció del hemisferio derecho? (Imagen de portada: “Sin título” de Guillermo Pérez Villalta. Colecciones artísticas de Telefónica)

Adolfo Castilla

En cualquier caso sabemos que la capacidad intelectual del hombre, su sensibilidad y su racionalidad evolucionan continuamente y llevan a una mayor comprensión de nuestro mundo, así como, eventualmente, y a pesar de las diferencias entre personas, a una mayor autoconsciencia. No hay problema por otra parte en hablar de la consciencia y del psiquismo del hombre a estas alturas de su evolución, pues existe una dinámica muy estudiada del pensamiento del hombre, de su subjetividad, de su comportamiento, de la adquisición de conocimientos, de su imaginación, creatividad e inventiva, de su libre albedrío y de su ética, de su capacidad de organizarse y gobernarse, de su habilidad para crear instituciones y formular leyes y políticas de actuación y de mil temas más. Hay, en resumen, mucho material para trabajar sin necesidad de cuestionarse los fundamentos.

¿Por qué sin embargo nos preguntamos una y otra vez por el aparente dualismo entre materia y espíritu, materia y consciencia, o materia y actividad intelectual?

Sin duda porque hay aspectos sin explicar todavía y que resultan verdaderamente extraños. No sabemos cómo de la redes neuronales, de los engramas, surgen los fenómenos mentales conocidos por todos los hombres. Sabemos de la existencia de correlatos entre ellos, pero hay un último paso imposible de explicar todavía. No sabemos qué son, cómo se forman y dónde se alojan las imágenes que vemos cuando soñamos, los recuerdos que somos capaces de traer a nuestra mente, las nuevas ideas surgidas de nuestro interior, los inventos, la ciencia, la tecnología, los poemas escritos por algunos, las obras literarias, musicales, pictóricas o de otro tipo, los sentimientos, las emociones, la subjetividad en general, la racionalidad y la consciencia, entre muchos fenómenos más siempre en movimiento por algún sitio de nuestra mente[1].

Si utilizáramos los ordenadores actuales cómo referencia podríamos indicar que en sus circuitos y microprocesadores se mueven y se almacenan ceros y unos transformados por nuestra habilidad en impulsos y no impulsos eléctricos. Podríamos añadir además que el ordenador puede transformar los trenes digitales, o trenes de ceros y unos, en las imágenes con todo el colorido del mundo que aparecen en una pantalla, en los sonidos que surgen de un altavoz, en los escritos que recogen nuestro pensamiento y en figuras y gráficos de mil formas.

De manera análoga podríamos pensar que los impulsos eléctricos de baja frecuencia producidos en las neuronas del cerebro del hombre y transmitidos por las sinapsis, podrían transformarse en las imágenes y en los fenómenos mentales mencionados, pero, y aquí está el problema clave: ¿qué son y dónde están en nuestro cerebro esas “pantallas de plasma” en las que aparecen nuestras imágenes y nuestros fenómenos mentales?, ¿cómo en nuestro cerebro los impulsos eléctricos de las neuronas se transforman en ideas?, ¿quién, o qué, procesa nuestros impulsos neuronales y cómo son procesados?

En relación con el tema “neurociencia y consciencia” nos faltan eslabones para explicar esos procesos y no pueden ser otros, probablemente, hoy por hoy, que los aportados por el mundo cuántico hacia el que vamos y sobre el que daremos algunas explicaciones más adelante en este blog.

A pesar de nuestra ligera crítica a las explicaciones sobre la aparición de la consciencia en el hombre hecha en los párrafos anteriores, pretendemos ahora revisar algunas de dichas explicaciones haciendo referencia a los autores responsables de ellas.


[1] Algunos dirían que “se mueven por nuestro cerebro”, ya que consideran que lo único verdaderamente existente es esto último. La mente según ellos es una entelequia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *