El salto cuántico

03 Marzo 2017

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La “mecánica cuántica” es para mí el eslabón que faltaba entre la ciencia y la consciencia y a explicar el porqué de ello dedicaré algunos comentarios en este post y en el siguiente. Antes me permito indicar que la historia reciente de la ciencia, a pesar de lo dicho por algunos, está repleta de autores que han hablado de encontrar otras capacidades del cerebro distintas de las neurológicas. (Imagen de portada: José Manuel Broto – Colecciones artísticas de Telefónica)

Adolfo Castilla

El orden implicado

El conocido Paul Davies (nacido en 1946), físico inglés, autor entre muchos otros del libro, Superfuerza, es conocido por sus posiciones en defensa de la fe. El bioquímico y teólogo inglés, Ernest Lucas (nacido en 1945) que recientemente presentó su último libro, Relevancia del Génesis para la ciencia actual, en la Universidad Pontificia Comillas, lo menciona ampliamente a la vez que a muchos otros científicos sensibles al psiquismo. Davies en concreto en un artículo publicado en el New York Times en el 2007, indicó que “tanto la religión como la ciencia están basadas en la fe de un absoluto”, y sugirió la búsqueda científica es comparable con la teología de Newton sobre la certeza de que hay leyes eternas impuestas por una “divina providencia”.

Pero hay muchos más científicos y físicos cuánticos que han entrado en la complejidad de la mente humana y han buscado explicaciones nuevas, o disruptivas, como con frecuencia se dice hoy. David Bohm (1917-1992) fue uno de ellos. Considerado como uno de los mejores físicos cuánticos de todos los tiempos, indicó, por ejemplo, que del orden del mundo nosotros podemos conocer a través de nuestros sentidos e instrumentos el orden que él llama Explicado. Sin embargo subyacente a este orden existe otro orden que él llama orden Implicado. Lo llama así porque considera que esta plegado sobre si y mientras no se despliegue no podemos conocerlo. La suma de los dos formaría la Totalidad.

Entre muchas otras frases célebres, que han sido recopiladas y se pueden encontrar en Wikiquote, dijo que, “La capacidad de percibir o pensar de manera diferente es más importante que el conocimiento adquirido”.

Las variables ocultas

Haciendo uso de esa recomendación, después de escribir en 1951 su primer libro con el título de Mecánica Cuántica, bien acogido por Einstein y otros científicos, se adentró en una formulación nueva de esa materia, llamada “Interpretación de Bohm”. Es un nuevo enfoque que dio lugar al desarrollo por parte del físico irlandés, John Bell (1928-1990), de la llamada “desigualdad de Bell”, cuya expresión esquemática es: “Ninguna teoría física de variables ocultas locales puede reproducir todas las predicciones de la mecánica cuántica”. Sus implicaciones están siendo estudiadas todavía, pero ya resultó muy adecuada para desmontar el “experimento” EPR (Einstein, Podolsky, Rosen), el cual sugería la existencia de variables ocultas en los procesos cuánticos.

Junto al Doctor en Medicina, nacido en Viena pero que pasó toda su vida en los Estados Unidos, Karl H. Pribram (1919-2015), desarrolló “el modelo holonómico del funcionamiento cerebral”, de acuerdo con el cual el cerebro funciona de manera similar a un holograma.

Dijeron que nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad “concreta” al interpretar frecuencias de otra dimensión, una esfera de realidad primaria significativa, pautada, que trasciende el espacio y el tiempo. El cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico. Los dos llegaron a decir que los nuevos avances sugieren que la tan esperada teoría sobre lo que somos: 1) Se deduciría de las matemáticas teóricas; y 2) Establecería lo “sobrenatural” como parte de la naturaleza.

Se relacionó y tuvo amistad con Jiddu Krishnamurti (1895-1986), el gran escritor y orador indio sobre temas filosóficos y espirituales.

Autores actuales como el físico austriaco Fritjof Capra (nacido en 1939) se han preocupado por las interrelaciones entre los descubrimientos de la física moderna y el misticismo antiguo, especialmente el oriental. También la científica planetaria de la NASA, Renée Weber, y otros, se apoyan en sus teorías y explicaciones.

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