Conclusiones finales sobre la convergencia ciencia-consciencia

05 mayo 2017

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Después de un buen número de posts, llegamos con el presente al final de la reflexión sobre la convergencia entre ciencia y consciencia llevada a cabo en este blog. Lo hacemos estableciendo unas conclusiones muy generales en las que se defiende la conveniencia de avanzar en la consecución de nuevos conocimientos sobre nuestro mundo uniendo las dos caras de una misma moneda, materia y espíritu, que se dan en el hombre.

Adolfo Castilla

Lo psíquico y lo físico

Puede que haya quedado claro en lo indicado hasta ahora que lo psíquico es tan real en el hombre como lo material, físico o fisiológico, y que no hay motivos para marginarlo. La “naturalización del espíritu” y la “espiritualización de la materia”, son dos procesos a los que los hombres debemos prestar atención en estos tiempos de grandes avances científicos y tecnológicos.

No hay motivos para descubrir la realidad de nuestro mundo utilizando sólo la ciencia y sus métodos algo reduccionistas, entre otras cosas porque nunca se llegará al fondo de lo que de verdad somos. El hombre debe buscar lo que el mundo es y las leyes que lo rigen utilizando la unidad entre la dimensión material y la espiritual de su naturaleza. Las dos forman parte de él, sin que haya que pensar necesariamente en dos naturalezas separadas. Son las dos caras de una misma moneda y las dos deben ser tenidas en cuenta.

Esto es lo que parecen decirnos los avances científicos de los siglos XX y XXI, con particular referencia a la Teoría de la Relatividad y a la Mecánica Cuántica.  A ello hemos prestado atención en este trabajo, concluyendo que hay convergencias claras entre, física clásica y mecánica cuántica, materia y espíritu, mundo subatómico y universo, cerebro y mente y ciencia y consciencia. Así lo hemos dejado dicho en el cuerpo central de este trabajo, especialmente cuando hemos hablado de convergencias.

Un pequeño recuerdo de la obra de Teilhard de Chardin

Existen sin duda convergencias de ese tipo a las que se han referido muchos de los autores analizados, tanto los de orientación científica como los de orientación filosófica. Convergencias que en gran manera fueron anunciadas por Teilhard de Chardin, autor al que hemos dedicado cierta atención.

La metafísica, en nuestra opinión, vuelve poco a poco al lugar que ha ocupado en otras épocas, y existe en ello un problema que está dando lugar a confrontaciones intelectuales. Lo metafísico lleva con gran facilidad a Dios y al mundo de las religiones, tema que muchos rechazan de plano. No es tanto el rechazo de la espiritualidad como sinónimo de intelectualidad y psiquismo, sino la no aceptación de la espiritualidad religiosa y de la religión misma por parte de autores muy reconocidos beligerantes contra tales cuestiones.

Pero hay un tema fundamental en este terreno: “la existencia de la consciencia y el lugar que ocupa en la vida de los hombres”. Hoy se avanza mucho en esta materia y se está viendo cómo la ciencia profunda se acerca a ella y cómo las cosas en nuestro mundo se podrían explicar mejor si se admitiera de plano el papel de la consciencia en todo lo que existe a nuestro alrededor.

Lo cuántico como nueva orientación del pensamiento del hombre

Como una de las conclusiones más evidentes mencionaríamos la importancia dada a la consciencia en nuestros días partiendo de lo que la ciencia dice y la razón científica elabora. No es una cuestión de fe sino una cuestión de racionalidad avanzada.

Unido a  las revisiones de las obras de muchos autores, hemos sugerido varias hipótesis en las que sería oportuno profundizar y que quedan recogidas en nuestra propia agenda de trabajo. Nos referimos a las cuatro hipótesis siguientes: a) la existencia de una semántica del mundo físico que el cerebro del hombre aprende a detectar al desarrollarse; b) la existencia de una relación no solo entre energía y materia, sino entre energía e información, y entre esta última y una potencial consciencia cósmica; c) la posibilidad de que Internet pueda ser un paso previo para la aparición de una Noosfera en nuestro planeta; y d) la posibilidad, también, de que los hombres inventemos una nueva forma de enfrentarnos a la realidad de nuestro mundo a la que tentativamente hemos llamado “cuantia”.

Y finalmente, como compendio de todo lo dicho, nos gustaría concluir citado las siguientes frases de Hans Kung:

La respuesta a la pregunta: “¿Cree usted en el espíritu?” solía ser “Claro que no, soy científico”
Pero muy pronto podría ser ésta: “Claro que creo en el espíritu. Soy científico”

 

 

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